Hoy en el comedor
había una osita ante mí.
Nada más llegar
pegó la cara al expositor de comida.
Luego saltó a la barra,
cogió bandeja y cubiertos
y empezó a avanzar
por la superficie fría de metal.
De vez en cuando me miraba
"¿cómo quieres que lo haga sino?"
parecían decir sus ojos negros
y su vella carita marrón.
Fue cogiendo los platos con dificultad,
uno detrás de otro
se relamía con cada cosa
y parecía decepcionarse con
cada opción descartada.
Cuando quiso coger el postre
tuvo que dar saltitos
para alcanzar un bol de natillas.
Al acabarse la barra
saltó al suelo e intentó
alcanzar la bandeja sin éxito.
La miré y me miró
"El mundo está hecho para
gente de más de 40cm de altura"
La sostuve la bandeja
mientras avanzaba hacia la caja
y buscaba el dinero en un bolsillo
de su pequeño vestidito.
La cajera tardó en cobrarla,
creo que no la veía.
Pague lo mío y llevé las cosas
de las dos a una mesa.
No dijo nada en toda la comida,
devoraba veloz todo lo que tenía delante
y creo que se hubiera comido también lo mío
si no fuera porque era muy educada.
Al acabar me dio dos besos
y salió corriendo en busca de...
supongo que de otro osito de peluche.